"El conundrum del crecimiento"

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"El conundrum del crecimiento"

Gonzalo Sanhueza
La Tercera, 15/04/2017
El conundrum… Esa fue la expresión utilizada por Alan Greenspan, ex presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, a comienzos del año 2005, para ilustrar el enigma que en esa época aquejaba a la tasa de interés, que hacía que mientras la FED subía la tasa de política monetaria, el mercado bajaba la tasa de interés de largo plazo.

En Chile, hoy día pareciera ocurrir algo similar con el crecimiento económico… Hasta ahora, estábamos acostumbrados a que cuando mejoraba el panorama internacional, con mayor crecimiento de nuestros socios comerciales, mejores precios de nuestros productos de exportación, o mejores condiciones financieras internacionales, nuestra economía también repuntaba. Sin embargo, esta vez las cosas no han sido así. El segundo semestre del año pasado, la economía mundial comenzó a repuntar, recuperándose prácticamente todas las regiones del mundo, en cambio, en Chile las proyecciones para la economía nacional se han ido ajustando a la baja.

La comparación con otro país minero, como Australia, no nos ayuda a descifrar este enigma. En efecto, la economía australiana, al igual que la chilena, experimentó una fuerte caída en sus precios de exportación, que afectó la confianza empresarial y contrajo la inversión. Sin embargo, cuando comparamos la diferencia entre el nivel de actividad económica en ese país con el que habría habido sin el shock externo, vemos que la caída es de 2%, en cambio al hacer el mismo ejercicio con la economía chilena, la caída es de 10%, lo que indica que claramente la economía chilena se vio más afectaba que la australiana.

Profundizando en la comparación, vemos que Australia bajó la tasa de política monetaria en 325 puntos base, dejándola en 1,5%, que el tipo de cambio real se volvió más competitivo, y que durante el periodo de desaceleración los salarios reales tuvieron un reajuste moderado. En Chile, en cambio, en igual período, el Banco Central no pudo bajar agresivamente la tasa de interés porque se disparó la inflación, los salarios reales crecieron más de tres veces lo que subieron en Australia, y el tipo de cambio real quedó un 15% más apreciado que en dicho país.

La pregunta es qué causó esta respuesta en la economía chilena, y las explicaciones parecieran ser dos. Por un lado, está la rigidez de nuestro mercado laboral que implicó que los salarios reales siguieran subiendo a tasas altas y, por otro, la expansión del gasto fiscal. Está bien documentando que cuando aumenta el tamaño del gasto fiscal sobre la economía, el tipo de cambio se aprecia un 3% por cada 1%, y entre 2011 y 2015, el gasto público pasó de cerca de 20% a 25%, pasando Chile de tener un superávit fiscal, a llevar más de cuatro años con déficit, elevándose éste el año 2016 a 2,8%.

El problema es que las perspectivas no son muy alentadoras. Cuando una economía pasa por un período de incremento de los salarios reales sin aumentos de productividad, se pierde la competitividad y eso no se recupera en el corto plazo. En un contexto, además, en que se comienza a aplicar una nueva reforma laboral donde no se incluyeron las materias que habrían permitido introducir mayor flexibilidad. En materia fiscal, en tanto, los últimos anuncios de un organismo estatal encargado de administrar las cotizaciones adicionales para las pensiones van en la línea con aumentar aún más el gasto público.

Así las cosas, no debiésemos ser tan optimistas, puesto que de no realizarse los cambios estructurales necesarios, aunque asistamos a una recuperación cíclica de la economía, el crecimiento va a seguir en niveles bajos.


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