"Promesas falsas"

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"Promesas falsas"

Michele Labbé
El Líbero, 02/06/2017
A sólo meses de la próxima elección presidencial, cuando los candidatos y precandidatos empiezan a redondear las propuestas con que se presentarán ante el país, parece recurrente el anuncio de ofertones del tipo “no vengo a vender, vengo a regalar”.

Parece que la última moda es prometer el fin al Crédito con Aval del Estado (CAE). El ofertón es atractivo, pues parece sumamente injusto tener que pagar el crédito utilizado para estudiar, cuando la promesa del programa presidencial de Michelle Bachelet fue educación universitaria gratuita universal. Pero para poner fin al CAE, para entregar educación universitaria gratuita para todos, o incluso sólo para algunos, para construir hospitales, para mejorar la salud, para TODO se necesitan recursos.

Ante la estrechez presupuestaria, las promesas electorales han resultado ser muy fáciles de hacer y muy difíciles de cumplir.

La gran promesa electoral de Michelle Bachelet ha terminado en un gran fiasco. Ya a mediados de 2016, la publicación del proyecto de reforma a la educación superior hizo obvio lo esperable: que la educación universitaria gratuita universal era una utopía. Pero el camino se ha puesto aún más pedregoso. Los rectores de las universidades parecen niños bajo la piñata, tratando a toda costa de acaparar la mayor cantidad de dulces posible, mientras que —cuales amigas solteras de la novia, ante la inminencia del lanzamiento del ramo— le hablan al oído a la Presidenta, indicándole la dirección hacia la cual dirigir los escasos recursos.

La promesa de campaña era financiar la reforma educacional a través de los ingresos que se obtendrían de la reforma tributaria. El entonces ministro de Hacienda, Alberto Arenas, aseguró que los recursos fiscales para la educación estarían disponibles y que la reforma tributaria sólo afectaría a los más ricos; y al momento de firmar el proyecto de ley, la Presidenta aseguró que no afectaría el crecimiento.

Pero la cruda realidad cayó cual balde de agua fría sobre nosotros. La reforma tributaria nos ha afectado a todos, inclusive a la Presidenta y su programa. El desempleo sube mes a mes, la calidad del empleo se deteriora más rápidamente aún y el crecimiento económico se ha visto fuertemente afectado. Chile, que venía creciendo a una tasa un 1.2% mayor que el mundo, crecerá en estos cuatro años a una tasa 1.4% menor que el resto.

Para quien es ajeno a las cuentas fiscales, o sea el 99% de la población, esto es malo, pero al hundirnos en los números es aún peor.

Sólo por efecto de la pérdida de crecimiento económico generada por la incertidumbre de las reformas —descontado el efecto de la baja en el precio del cobre y del menor crecimiento mundial—, Chile habrá perdido US$ 9.300 millones en recaudación fiscal entre 2014 y 2017. Más aún, sólo durante 2018, fecha en que se esperaba que la reforma tributaria estuviera en régimen, Chile perderá el equivalente a un 1.8% del PIB en recaudación. Estos recursos ya no están, pero habrían servido para financiar el 70% de la reforma educacional sin necesidad de subir los impuestos.

Los ofertones electorales pueden parecer atractivos a muchos, e incluso un juego para otros, pero nos terminan afectando a todos. Las promesas incumplidas parecen ser pan de cada día, pero las promesas falsas, aquellas que incluso quienes las hacen saben que no se podrán cumplir, ésas son inmorales, pues terminan afectando por sobre todo a los que menos tienen.


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